Como odiamos cuando nos pasan cosas malas. Lo primero que nos viene a la mente es ¿por qué a nosotros?. Creemos no merecer lo que nos esta pasando. Aunque en el fondo sabemos que lo merecemos.
Y es esta la primer distinción que quiero hacer entre las cosas malas que nos pasan. Hay unas que son consecuencias de nuestras acciones y hay otras que son pruebas.
Las consecuencias son el resultado directo de nuestras acciones. La mayoría de las veces somos conscientes de que pueden venir. Pero el beneficio asociado o la búsqueda del placer nos hacen omitirlas. Hasta que se presentan. Entonces nos arrepentimos. Ya sea de la acción inicial; ya sea de la valoración riesgo-beneficio que hicimos; ya sea de no habernos detenido a meditar mejor las consecuencias.
Entonces tenemos una serie de reacciones. Esta la adanista. La que nos heredaron desde el principio de los tiempos. Entonces buscamos a quien culpar. A otra persona. A las circunstancias. A los objetos inanimados (genial porque no pueden defenderse) A lo que sea menos a nosotros mismos.
Otra reacción es la autoflagelación. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa. O por la interminable lista de los “si hubiera” que nos repetimos en ciclos eternos.
Otra reacción es la desesperada. Tratamos de arreglar la situación a como de lugar. Inclusive con sobrecompensación o renuncias exageradas.
Obviamente esto mezclado a una serie de sentimientos de “bronca”, frustración, negación.
Pero ¿cuál debería ser nuestra reacción a esta situación?
Creo que lo primero es aceptar la realidad. Esto esta pasando. Aunque me duela, aunque me incomode, aunque se sienta feo. Negarlo no hará que se solucione.
Lo siguiente es aceptar la responsabilidad. Esto esta pasando como consecuencia de mis acciones. No culpar a nadie. Desde nuestro lado adulto aceptar las consecuencias de nuestras acciones.
No se debe sobredimensionar el asunto. Sea por culpa o negación muchas veces sobredimensionamos las consecuencias y nos parecen mayores a lo que realmente son. Cuando a Rafael Nadal le preguntaron por sus dos derrotas consecutivas en finales frente a Novak Djokovic dijo “perder es parte del juego”. Así es la vida. Equivocarse es parte de ella. Asumir la responsabilidad de esas consecuencias también es parte de ella.
Lo tercero es si puedes compensar de alguna forma por el error. Hágalo. Pero de una forma adulta y objetiva. La culpa es un mal consejero a la hora de compensar por los errores.
Aprenda. En la vida se aprende a base de equivocaciones (este el proceso natural aunque el sistema educativo quiera enseñar lo contrario), que este proceso le sirva para evitar caer nuevamente. Que le sirva para formar carácter y corregir el rumbo.
Pida perdón. No deje que el orgullo lo ciegue. Si se ha equivocado en humildad pida perdón. Pero sepa que hasta ahí es su parte. El que lo perdonen o no depende de la otra persona. Y será problema de esa persona hacerlo o no. Sobre eso usted no puede hacer nada.
Sobretodo confié en Dios. Creo que ante las consecuencias de nuestros errores Dios actúa de distintas formas. Algunas veces acomoda las circunstancias y te libra, en su amor, de las consecuencias. Sino, aún en tener que afrontarlas te traerá paz.
También él puede tornar una situación mala producto de tu responsabilidad en algo de bendición tal como hizo con David cuando pecó con Betsabé.
David hizo lo que correspondía. Pidió perdón. Y reconoce que fue su pecado. Hace ayuno para pedir a Dios que no mate al bebe. Dios por su parte le aliviano las consecuencias al no pagar el con su muerte como correspondía según la ley en esa época. Pero no se quitó totalmente las consecuencias pues el niño murió.
David sigue adelante. Toma a Betsabé por esposa (ven que hay cosas positivas de lo malo). Y de su relación con Betsabé, nace Salomón. Quien lo sucedió en el trono. Israel alcanzó la plenitud de su gloria bajo su reinado. Fue un hombre sumamente sabio. Se le atribuye el libro de Proverbios, Eclesiastés y Cantares de la Biblia.
Dios tornó una situación difícil, que empezó con un gran pecado de adulterio y homicidio, y lo torno en algo muy positivo y de bendición porque David hizo lo que Dios le gusta que hagamos. Pedir perdón y seguir adelante. Por eso dice la Biblia que David tenía un corazón según la voluntad de Dios. Dios no te pide que no te equivoques. Te pide que cuando lo hagas, pidas perdón y sigas adelante.
Tal vez piense, esto suena bien. Pero que hay del tipo que fumó mucho y ahora muere de cáncer en el hospital, tomando cada bocado de aire con dificultad y dolor tremendo. ¿Le servirán estas palabras de apoyo? ¿Dirá, sí, me lo merezco, pero Dios, dame paz?
Cierto, no sé lo que es estar en esa situación. Es difícil empatizar con él lo suficiente para decir que lo entiendo. Pero sí, creo firmemente que Dios lo puede sanar. Sí, creo firmemente que si no lo sana y va a morir, Dios, a pesar de su dolor, puede traer paz a su corazón y a su vida.
El otro tipo de cosas malas que nos suceden no son consecuencia de nuestros Actos, sino de pruebas de la vida. Pero hablaré de eso en mi siguiente post.

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